
Justo al comienzo de la avenida se encuentran dos estanques de mármol, uno a cada lado de la vía principal; más arriba hay dos hermosas cascadas, rodeadas de una vegetación exuberante, y cuya agua brota de dos figuras que representan a los ríos Duero y Tajo (...)
La avenida termina en la plaza del marqués de Pombal, también llamada Rotunda. Fue éste el lugar escogido para erigir el monumento al gran estadista portugués, en el centenario de la muerte del marqués".
* Extraído del libro "Lisboa, lo que el turista debe ver", de Fernando Pessoa