
Como es normal cuando uno llega de nuevas a una ciudad, uno no sabe los usos y las costumbres en cosas tan cotidianas como coger un taxi. La cosa es que el "buen señor", a pesar de que la apariencia externa de su coche era la de un taxi como los demás, no tenía taxímetro (luego descubrí que debería haberlo llevado) y me sopló treinta euros por llevarme hasta el hotel. A la vuelta, que pedí el taxi desde recepción, pasó por poco de los diez.
Además, y si no han cambiado las cosas, también se puede ir y volver del aeropuerto con una línea especial de autobús, el aerobús se llama. Es la número 91 y llega hasta la zona de Pombal y avenida Liberdade y a la plaza de los Restauradores y el Rossio.