
Emblema de la cocina portuguesa, el bacalhau (bacalao), no sólo ha jugado un papel de subsistencia gastronómica en la historia lusa sino que, además, -siendo un pelín exagerado, lo reconozco- podría atribuirsele el mérito de haber hecho posibles los grandes descubrimientos de los navegantes portugueses. ¿Cómo si no, de no haber sido por el bacalo, conservado durante meses en salazón, habría podido garantizarse el condumio proteínico de la tripulación en tan largas travesías?
Al margen del chascarrillo, lo cierto es que el bacalao está en la base de platos como las pataniscas, filetes rebozados con pimienta y cebolla; el sabroso, pero contundente bacalhau a brás, servido con patata, huevo, cebolla, ajo y perejil; o los simples bolinhos, una suerte de croquetas de bacalao; por no hablar del bacalhau com natas, el favorito de quienes frecuentan el Café Lisboa.