
Ricardo Reis dio vuelta a la plaza por el sur, entró por la rúa dos Douradores, casi no llovía ya, por eso pudo cerrar el paraguas, mirar hacia arriba y ver los altos frontispicios de color ceniciento o pardo, las filas de ventanas a la misma altura, las de parapeto, las de saliente, con las monótonas canterías prolongándose calle adelante hasta confundirse en delgadas franjas verticales, cada vez más estrechas, pero no tanto como para esconderse en un punto de fuga, porque allá en el fondo, aparentemente cortando el camino, se levanta una casa de la rua da Conceiçao".
"El año de la muerte de Ricardo Reis"
José Saramago