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domingo, 29 de agosto de 2010

LA CAPITAL MÁS ANTIGUA DE OCCIDENTE

Nadie que haya estado en ella podrá atreverse a dudarlo: Lisboa tiene encanto, es hermosa y cosmopolita, sugerente, y con un espíritu atlántico construido con la esencia de las infinitas 'lisboas' que duermen en cada uno de sus barrios.

No obstante, y al mismo tiempo que avanza como una ciudad contemporánea que mira al Tajo y al océano y hace de Belèm y el Parque das Nações un referente de la nueva arquitectura, Lisboa puede presumir de ser, después de Atenas, la segunda capital más antigua del continente europeo, cuatro siglos aún más vieja que la propia Roma y construida también sobre siete colinas (o quizás más).

Ya los fenicios establecieron en ella su puerto de avituallamiento para sus expediciones comerciales hacia el norte, convirtiéndose por derecho propio a lo largo de su historia en la puerta atlántica de Europa y en metrópoli de la aventura colonial portuguesa.

viernes, 15 de enero de 2010

EL GRAN TERREMOTO DE LISBOA

A las nueve y veinte minutos del día de Todos los Santos de 1755 un gran terremoto devastó Lisboa. Las sacudidas duraron entre tres y seis minutos y abrieron grietas de hasta cinco metros de ancho que devoraron el centro de la ciudad e hicieron venirse abajo calles y edificios. El alma de madera de las iglesias y las casas de la ciudad se convirtió en seguida en pasto de las llamas y los incendios se multiplicaban por Lisboa con cada uno de los temblores. Durante cinco días, la ciudad fue asolada por el fuego y, como testigo mudo de la tragedia, aún hoy pueden visitarse las ruinas del Convento do Carmo, reconvertido en la actualidad en museo arqueológico.

Tratando de salvar su vida, miles de lisboetas huyeron hacia los muelles de la ciudad buscando refugio en los espacio abiertos, ajenos al peligro que se avecinaba. Apenas cuarenta minutos después del terremoto, olas de más de veinte metros de altura llegaban desde el oceáno por las aguas del Tajo y tres maremotos consecutivos engullían el puerto y la Baixa.

Casi cien mil personas, más de un tercio de los habitantes de Lisboa, perecieron víctimas de esta tragedia que conmocionó a toda Europa y que Voltaire describió así en su obra "Cándido":

"Nada más pisar la ciudad, llorando la muerte de su bienhechor, sienten temblar la tierra bajo sus pies, el mar se alza borboteando en el puerto, y rompe los navíos anclados. Torbellinos de llamas y cenizas cubren las calles y plazas públicas, las casas se derrumban, los tejados son derribados sobre los cimientos y los cimientos son dispersados. Miles de habitantes de toda edad y sexo son aplastados bajo las ruinas. (...) ¿Cuál puede ser la razón suficiente de ese fenómeno?, decía Pangloss. ¡Es el fin del mundo!, exclamaba Cándido".

martes, 8 de julio de 2008

LOS SIETE SUSPIROS DE SINTRA

Hoy convertido en un hotel de lujo, el Palácio de Seteais debe su nombre a una de las muchas leyendas que se esconden en los rincones más románticos de la villa de Sintra.

La protagonista de la historia no es otra que una joven princesa árabe, de nombre Anazir, que vivió en el lugar que hoy ocupa el palacio allá por el año 1147, el mismo en el que el rey Dom Alfonso Henriques conquistó Lisboa a los moros.

Quiso el destino que uno de sus caballeros más leales, Dom Mendo de Paiva, sorprendiera en el asedio al castillo de Sintra a la joven Anazir, que trataba de huir con la ayuda de su nodriza Zuleima. La princesa, asustada al ver al caballero cristiano, gritó un "¡Ay!", que volvió a repetir al ver la intención de Dom Mendo de no dejarlas escapar.

Aterrada y, sin darle ninguna explicación, el aya instó a la princesa a que nunca más lanzara un suspiro tal o un grito semejante. Pero como quiera que Anazir vio a lo lejos acercarse el ejército cristiano, sin poder evitarlo, salió de su garganta un tercer "¡Ay!".

Atraído por la belleza de la joven, el caballero luso decidió secuestrarla junto a su nodriza pero, ante la negativa de la princesa a subir a su caballo, la amenazó con separarla de Zuleima, abandonando al aya a su suerte. Dejando escapar un cuarto "¡Ay!", Anazir aceptó y, al poco tiempo, viendo el afecto que el noble cristiano le procuraba, acabó correspondiendo al amor del joven caballero, que la mantenía en secreto lejos de moros y lejos de cristianos.

Pero quiso el destino, al que las malas lenguas dan el nombre de Zuleima, que el moro Aben-Abed, que había de haberse desposado con Anazir antes de su huida, diera con el escondite de la princesa y quisiera ahora vengar su traición.

Esperando que Dom Mendo dejara marchar a la joven para librarla del castigo del moro, la nodriza le confesó al caballero cristiano que una hechicera había lanzado un maleficio por el que la princesa moriría tras lanzar siete suspiros.

Entre tanto, Anazir, ajena a la preocupación de su aya, emitió un quinto y un sexto "¡Ay!" consecutivos, obligando a la vieja a revelarle en su desesperación el secreto que ocultaba.

Dom Mendo tuvo entonces que partir a la guerra y, aprovechando su ausencia, el que regresó fue el moro Aben-Abed, que hundió su puñal en el pecho de Anazir, en el mismo momento en que la joven gritaba el séptimo "¡Ay!".

A su regreso, la leyenda cuenta que Dom Mendo de Paiva decidió llamar a ese lugar que fue refugio y tumba de su amada Seteais y que, enloquecido por la muerte de su amada, fue desde entonces el más feroz y cruento perseguidor de moros de su tiempo, una empresa a la que dedicó todos y cada uno de sus días.

SOBRE O PALÁCIO DE SETEAIS

domingo, 6 de abril de 2008

VIVIR LA CALLE

Por su luz, por su gente, por su espíritu atlántico, sus aromas y sus sonidos, Lisboa es una ciudad que vive la calle. Invita al paseo, al relajo, al descubrimiento y a la curiosidad sin prisas.

A perderse sin tiempo por la Baixa y detenerse a admirar las montañas de bolachas de cualquier confitería en la Rua Augusta, comprar unas flores en una parada junto al Arco de la Victoria o probarse unos zapatos en la Rua da Prata, que ha cedido a la ropa y el calzado el protagonisto que, en tiempos, tuvieron las joyerías y las casas de empeño.

Terrazas -las más de las veces demasiado tópicas buscando al turista típico-, artistas callejeros, puestos ambulantes y gentes que van y vienen le dan un aire cosmopolita a esta parte baixa de la ciudad; heredera de la vocación comercial que le dio su ubicación junto al Tejo y el Terreiro do Paço y de la que los propios nombres de las calles son el mejor testigo: rua da Prata, do Ouro, Correeiros...

Pocos son, por cierto, los que saben que, en ésta última, se esconde uno de los mayores tesoros ocultos de la ciudad, y de complicada visita para el público en general. Se trata de algunos de los vestigios más antiguos de la Olissipo romana, e incluso anteriores, de la época fenicia. Lo curioso del asunto es que se encuentran dentro de los sotanos del banco Milenio BCP.

En el paseo por la Baixa no falta uno de los elementos emblema de la ciudad: los ascensores urbanos y, más en concreto, el Elevador de Santa Justa, de clara influencia modernista con su estilo neogótico, inspirado en la arquitectura de Eiffel. Un aire de Art Nouveau que también abunda en los escaparates y las fachadas del Animatógrafo de la Rua dos Sapateiros, la lechería A Camponesa de la misma calle, la Retrosería Bijou de la Rua da Conceição, o la Antiga Panadería Inglesa del Largo de São Julião.

SOBRE EL NÚCLEO ARQUEOLÓGICO DOS CORREEIROS
  • Lugar: Rua dos Correeiros 9 - Lisboa
  • Horario (Imprescindible reserva previa de visita): Jueves de 15,00 a 17,00 horas y sábados de 9,00 a 13,00 y de 15,00 a 17,00 horas
  • Teléfono de petición de hora: 00 351 213 211 700

martes, 11 de marzo de 2008

LA BOCA DEL INFIERNO

A unos pocos kilómetros caminando desde el centro de Cascais, ajeno al bullicio estival, pero fácil de localizar siguiendo su paseo marítimo, se llega hasta la Boca del Infierno. Es una gruta que impresiona, llena de concavidades y flanqueada de cuevas menores y rocas escarpadas de más de veinte metros de altura que, si de normal impresiona, en días de oleaje hace retumbar el sonido de la tempestad de una manera sobrecogedora.

Por eso no es extraño que este lugar lleve también aparejada una historia de misteriosas desapariciones, espías, sospechas de suicidio y ocultismo y que, sorprendentemente, el mismo Fernando Pessoa se viera implicado en ellas.

Entre los conocidos del escritor luso se contaba el mago y mentalista inglés Aleister Crowley, un personaje siniestro, extraño y oscuro, del que se dice que practicaba el ocultismo y del que también se especulaba que actuó de agente doble durante la Gran Guerra. En estas visicitudes, no sorprende el hecho de que pudiera tener muchos enemigos. Hay quien dice que, en un arrebato de locura, se suicidó lanzándose al fondo del océano en la Boca del Infierno. Pero también hay quien asegura que sólo fingió su muerte y que, para ello, contó con la ayuda de su amigo Pessoa, al que en 1930 envió unas supuestas cartas explicando su suicidio para que éste las publicara en el Diário de Notícias. Si murió o no, nunca se supo, pero lo cierto es que en la Boca del Infierno hay un panel que recuerda la extraña desaparición del mago en aquel lugar.

domingo, 24 de febrero de 2008

EL GRAN TERREMOTO

La Lisboa baja, la que se abre al Tajo desde el Terreiro do Paço, la Baixa comercial y turística fue muy distinta a la que hoy se conoce, que es fruto de un proyecto meticuloso de renovación arquitectónica impulsado por el marqués de Pombal, tras el terremoto que destruyó Lisboa en 1755.

El gran terremoto, como así se le conoce, llegó a sentirse incluso en lugares tan remotos como la isla de Jamaica y, en sólo diez minutos, devastó la ciudad, acabando con la vida de más de cuarenta mil personas.

Las crónicas cuentan que, en torno a las nueve y media de la mañana del primero de noviembre y cuando la gran mayoría de los lisboetas se encontraba en misa cumpliendo con los preceptos del día de Todos los Santos, tres grandes temblores de tierra sacudieron la ciudad. A consecuencia de los mismos, miles de velas que iluminaban las iglesias de la ciudad cayeron sobre las balaustradas de madera y los altares de los templos, originando innumerables incendios que se propagaron por toda Lisboa. De hecho, hoy en día aún son varias las iglesias liboetas en las que los devotos depositan sus candelas sobre las balaustradas de madera que rodean algunos altares.

La gente huyó aterrorizada hacia la costa, donde fue sorprendida por un fuerte maremoto, provocado por el movimiento sísmico, que arrasó todo a su paso.

domingo, 20 de enero de 2008

SÃO VICENTE DE FORA

Fue mi amigo Jose el primero que me explicó la leyenda de la nao de São Vicente y por qué la barca custodiada por dos cuervos se convirtió en su día en emblema de Lisboa. Verdad o no, la historia es curiosa y forma parte de la iconografía del santo (Ver 'São Vicente, patrón de Lisboa').

Según la tradición, las reliquias del santo se encuentran en la igreja de São Vicente de Fora, en la Alfama; quizás una de los templos con mayor riqueza arquitectónica de la capital lusa y que alberga en su interior el panteón de la Casa de Braganza.

El propio nombre de la iglesia y las afueras a las que alude habla de las dimensiones de Lisboa en los tiempos de su construcción (siglo XVI). Cuentan que para levantarla se escogió el mismo lugar en el que el primer rey de Portugal, Dom Alfonso Henriques (el mismo que ordenó el traslado de las reliquias de São Vicente a Lisboa), estableció su campamento durante el asedio a la ciudad musulmana.

La iglesia de São Vicente de Fora se construyó durante los años de soberanía española y, por ello, es obra de uno de los arquitectos de Felipe II, el italiano Felipe Terzi. En su interior, destaca el baldaquino barroco de Machado de Castro, uno de los más reputados artistas lusos de todos los tiempos.

En 1855 sus claustros se convirtieron en panteón de la dinastía de Braganza, donde yacen todos los reyes portugueses, a excepción de Dona Maria I y Dom Pedro IV, desde Dom João IV, restaurador de la monarquía lusa, hasta Dom Manuel II, que murió en el exilio en Inglaterra, desposeído de su corona, en 1932.

Entre las curiosidades de los regios ocupantes del panteón, la presencia de la reina Catalina de Braganza, viuda de Carlos II e introductora en el país de la costumbre de tomar el té a las cinco de la tarde. En el panteón también puede contemplarse la escultura de una mujer piadosa rezando junto a los túmulos de Dom Carlos I y su hijo Luís Filipe, asesinados en la praça do Comércio en 1908.

SOBRE SÃO VICENTE DE FORA
  • Dirección: Largo de São Vicente
  • Cómo llegar: En el eléctrico 28, hasta la propia iglesia
  • Horario: De martes a domingo, de 10,00 a 17,30 horas

sábado, 19 de enero de 2008

SÃO VICENTE, PATRÓN DE LISBOA

El 22 de enero es São Vicente, patrón de Lisboa desde 1173, fecha en la que sus reliquias llegaron a la capital lusa a bordo de una nao custodiada por dos cuervos, tal y como figura en el escudo y la bandera de la ciudad.

Hijo de un cónsul en la Osca romana, San Vicente fue diácono de Zaragoza al amparo de San Valero y murió mártir en Valencia, tras ser martirizado por orden del emperador Daciano, que mandó arrojar al mar su cuerpo atado a una rueda de molino.

La leyenda cuenta que las aguas llevaron el cadáver del santo, en una nao custodiada por dos cuervos, hasta el Cabo de San Vicente, en el Algarve portugués. Y fue en el año 1173 cuando el primer monarca luso, Dom Alfonso Henriques, ordenó el traslado de los restos del santo (otra vez en barco y supuestamente custodiado por dos cuervos) hasta Lisboa, ciudad en la que se veneran sus reliquias en la igreja de São Vicente de Fora, situada en el barrio de Alfama.