Mostrando entradas con la etiqueta baixa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta baixa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de agosto de 2011

DE CALÇADAS PORTUGUESAS Y CHANCLETAS

Consejo veraniego para viajeros estivales: ibicencas, sandalias sueltas y chancletas varias no son demasiado compatibles con las cuestas y el típico adoquinado lisboeta, y menos, si uno pretende pasarse el día en la calle, desafiando a las torceduras y los trompicones.

Cierto es que el empedrado de Lisboa es una de las grandes imágenes que ofrece la ciudad y se ha convertido ya en una de sus señas de identidad. Habitualmente bien conservado y con una tradición urbanística de siglo y medio, su belleza ornamental se convierte en un engorro para los viandantes no avezados cuando las piedras están sueltas (no es lo habitual), sobresalen del puzzle convertido en acera a martillazos o cuando hablamos de una cuesta (recordemos que Lisboa está levantada sobre varias colinas y abundan las calzadas empinadas) y el uso continuado de la acera ha provocado un desgaste en el pavimento, que hace que, en ocasiones, las aceras resulten resbaladizas.

Dicho lo cual, también es cierto que en verano, como es de esperar, los lisboetas no se privan de chanclas y sandalias y que las portuguesas suben con destreza y en tacones la rua Garrett, en el Chiado. Así pues, que cada uno decida cómo quiere patear una ciudad, que invita a disfrutar y a sorprenderse en cada paseo. Pero ya que estamos hablando de empedrados, mencionaré que los hay incluso centenarios, como el de la plaza del Rossio, que incorporó este pavimento a principios del siglo XX. No obstante fue en 1842 cuando se empleó por primera vez, a iniciativa del entonces gobernador del castelo de São Jorge, Eusebio Pinheiro.

La calçada portuguesa, tal y como se conoce a este tipo de adoquinado, se ha exportado fuera de Lisboa y se utiliza también en otras ciudades de Portugal como Coimbra, Guimarães, Olivenza o Porto; al igual que en distintos lugares que fueron colonia lusa como Brasil o Macau. Además, lejos de ser un atractivo urbanístico del pasado, se sigue utilizando en la ciudad formando parte del pavimento de la nueva Lisboa, como es el caso del Parque das Nações construido para la Expo de 1998.

viernes, 15 de enero de 2010

EL GRAN TERREMOTO DE LISBOA

A las nueve y veinte minutos del día de Todos los Santos de 1755 un gran terremoto devastó Lisboa. Las sacudidas duraron entre tres y seis minutos y abrieron grietas de hasta cinco metros de ancho que devoraron el centro de la ciudad e hicieron venirse abajo calles y edificios. El alma de madera de las iglesias y las casas de la ciudad se convirtió en seguida en pasto de las llamas y los incendios se multiplicaban por Lisboa con cada uno de los temblores. Durante cinco días, la ciudad fue asolada por el fuego y, como testigo mudo de la tragedia, aún hoy pueden visitarse las ruinas del Convento do Carmo, reconvertido en la actualidad en museo arqueológico.

Tratando de salvar su vida, miles de lisboetas huyeron hacia los muelles de la ciudad buscando refugio en los espacio abiertos, ajenos al peligro que se avecinaba. Apenas cuarenta minutos después del terremoto, olas de más de veinte metros de altura llegaban desde el oceáno por las aguas del Tajo y tres maremotos consecutivos engullían el puerto y la Baixa.

Casi cien mil personas, más de un tercio de los habitantes de Lisboa, perecieron víctimas de esta tragedia que conmocionó a toda Europa y que Voltaire describió así en su obra "Cándido":

"Nada más pisar la ciudad, llorando la muerte de su bienhechor, sienten temblar la tierra bajo sus pies, el mar se alza borboteando en el puerto, y rompe los navíos anclados. Torbellinos de llamas y cenizas cubren las calles y plazas públicas, las casas se derrumban, los tejados son derribados sobre los cimientos y los cimientos son dispersados. Miles de habitantes de toda edad y sexo son aplastados bajo las ruinas. (...) ¿Cuál puede ser la razón suficiente de ese fenómeno?, decía Pangloss. ¡Es el fin del mundo!, exclamaba Cándido".

domingo, 20 de septiembre de 2009

AROMAS DE OTOÑO EN LISBOA

El otoño huele a castañas asadas en Lisboa. Y me gusta ese aroma que lo impregna todo, en la Baixa especialmente. Uno pasea entre nubes de humo que brotan de los puestos ambulantes, de esos carromatos de chapa sobre ruedas y chimeneas de metal que buscan su hueco en cada esquina, en medio del ajetreo de la gente.

Otoño es un tiempo especial en la ciudad, ajena al calendario y a los relojes, con una luz especial, un clima mucho más bonancible que en muchas ciudades españolas y una manera peculiar de asar las castañas, que no saben igual en ningún otro sitio.

lunes, 11 de mayo de 2009

BAIXA, PRESOS Y CALZADAS

Cualquiera que haya estado en Lisboa se habrá quedado maravillado de los suelos adoquinados de sus calles y plazas peatonales que, en ocasiones, se convierten en una auténtica obra de arte bajo los pies. Sin duda, la Baixa es el lugar en el que con mayor profusión aparecen esas calçadas lisboetas, cuyos dibujos, trazados con precisión, se consiguen a base de intercalar millones de cubos de piedra de color blanco y color negro, tallados a mano.

Lo que no todo el mundo conoce es que pavimentos como el del Rossio, tienen su origen en el siglo XIX y deben su perfecta sucesión de ondas blancas y negras a los presos de la ciudad, que fueron quienes colocaron de forma manual cada uno de esos pequeños adoquines sobre el suelo arenoso previo.

jueves, 22 de enero de 2009

ELEVADOR DE SANTA JUSTA

Al margen de su funcionalidad -que la tiene- el elevador de Santa Justa es una de las grandes atracciones turísticas de Lisboa.

Este gran ascensor, que une la Baixa con el Chiado, fue diseñado por el ingeniero portugués, aunque de raíces galas Raúl Mesnier de Ponsard. De 45 metros de altura, la torre metálica es una de las joyas de la arquitectura modernista ciudadana y funcional, con ecos neogóticos y un doble ascensor de madera en su interior, con todo el sabor de principios del siglo XX -ascensorista uniformado y de levita (en invierno) incluido-.

El elevador está operado por la empresa Carris, la misma que gestiona el transporte público de la ciudad y los elevadores de Bica y da Gloria y su uso está incluido en las tarjetas recargables Lisboa Viva y Sete Colinas. El precio del billete es de 2,80€ (incluye forzosamente el trayecto de subida y de bajada) frente a los 3,70€ del billete combinado de Carris y Metro que permite el uso de todos los medios de transporte de la ciudad durante todo un día. Así que, a nada que vayamos a viajar por la ciudad, resulta más que rentable adquirir las tarjetas recargables.

Desde los tres miradores, ubicados en distintos niveles de la torre, -el primero comunica la Baixa con las ruinas del convento do Carmo- el elevador de Santa Justa ofrece unas muy buenas vistas del Tajo, la Baixa, el castelo de São Jorge o el Rossio y, en la terraza superior, a la que se accede por una artística escalera de caracol forjada, hay un pequeño café en el que disfrutar de un galão o una cerveja.

martes, 13 de enero de 2009

ME LLAMO TEODORO

En mi último viaje a Lisboa, casualidades de la vida, acabé alojado en una calle vecina de la misma en la que tomé la fotografía que acompaña esta entrada: la rua de Eça de Queiroz, exponente de las letras lusas y uno de los grandes retratistas literarios de la ciudad.

Aprovecho pues para ilustrar con esa imagen un fragmento del libro que estoy leyendo estos días: "El mandarín".

"Me llamo Teodoro y fui escribiente del Ministerio del Reino.

En aquella época vivía en la Travessa de Conceição número 106, en la casa de huéspedes de doña Augusta: la espléndida doña Augusta, viuda del comandante Marqués (...)

Los domingos descansaba. Me instalaba en el diván del comedor con la pipa en la boca y admiraba a diña Augusta, que en los días de gudardar limpiaba con clara de huevo la caspa del teniente Couceiro. Aquel instante, sobre todo en verano, era maravilloso: por las ventanas entreabiertas penetraba el bochorno de la calle, los repiques distantes de las campanas de la iglesia de la Conceição Nova y el arrullo de las tórtolas del balcón (...)

No puedo negar que por aquel entonces yo era ambicioso. No es que mi alma loca aspirase a rodar alguna vez por la Baixa en un coche de alquiler, seguida por un recadero al trote; pero me punzaba el deseo de poder cenar con champán en el Hotel Central, de apretar la delicada mano de alguna vizcondesa (...)

Aún así, yo no me consideraba un paria. La vida humilde tiene sus encantos: en una mañana soleada, con la servilleta al cuello y ante un bistec a la plancha, es muy agradable desdoblar el Diário de Notícias; en las tardes de verano, sobre los bancos gratuitos del Passeio, se disfrutan idílicos placeres; y por la noche, en el Martinho, resulta delicioso tomarse un café a pequeños sorbos, mientras se escucha a los facundos oradores que injurian a la patria..."

"El mandadrín"
José María Eça de Queiroz

sábado, 20 de diciembre de 2008

CASA PEREIRA

Es como si en su interior se hubiera detenido el tiempo. Como si la de ahora, siguiera siendo la casa del primer Pereira.

Me gusta su colorido, el que aportan sus alacenas abigarradas de cajas de galletas, bombones, botellas de vino, licores y cafeteras que funcionan con alcohol. Me atrapa el aroma a café recién molido, café de Mozambique, de Timor, de Angola... Y también el aroma que se escapa de los cajones y cajones llenos de hilos de té, que se vende al peso, en paquetitos de papel de estraza. (Me entusiasma su chá branco y el chá de Natal, sólo disponible en noviembre y diciembre)

Más que una tienda son pequeños museos de los colmados de antaño y, por eso, no importa esperar turno; cosa bastante complicada, por cierto, porque los dependientes son rápidos y muy amables, ataviados con sus guardapolvos verdes, que les da un aire de habitantes eternos de ese rincón del comercio de Lisboa. Los unos 'viven' en la casa del Chiado, en la rua Garret; y sus reflejos, en la de la Baixa, en la rua Augusta.

SOBRE CASA PEREIRA
  • Casa Pereira: Rua Garret 38, Lisboa 1200-204
  • Teléfono: 00 213 42 66 94
  • Casa Pereira da Conceição: Rua Augusta 102, Lisboa 1100 -053
  • Teléfono: 00 213 42 30 00

domingo, 30 de noviembre de 2008

NAVIDAD EN LISBOA

Tiene un encanto especial. Supongo que similar al de todas las ciudades con un comercio activo que, al llegar la Navidad, se lanzan a iluminar las calles con millones de lucecitas. De mi debilidad por la rúa Garret poco más puedo aportar, pero está preciosa de noche, con sus luminosos azules y rojos y los majestuosos Armazens do Chiado al fondo, reconvertidos en trono de Pai Natal.

Pero no sólo el Chiado cambia de aspecto en Navidad, la Baixa es un cajón de sorpresas para grandes y pequeños. En torno a la columna de Dom Pedro IV, en el Rossío, uno puede pasear por las escenas del cuento de Navidad por excelencia, el Cascanueces.

A pocos metros de allí, la praça do Comércio se transforma en una luminaria abierta al Tajo, con hilos de luz que adornan las cornisas de todos los edificios oficiales y una lluvia de destellos que recorren sus fachadas pombalinas.

Partiendo de allí, y cruzando bajo el arco de la fama del Terreiro, uno accede a la rúa Augusta, reconvertida en Navidad en un enorme calendario de adviento, con 24 dinteles luminosos que, al atravesarlos, regalan al visitante el fragmento de una canción o un poema natalino.

viernes, 21 de noviembre de 2008

ARTESANÍA PORTUGUESA DE CALIDAD

Cuando uno va de viaje a Lisboa, es difícil comprar regalos con espíritu portugués sin caer en el tópico típico hecho especialmente para turistas (cosa que, personalmente, odio sobremanera). Si a esto le sumamos que somos primos hermanos y que prácticamente todo tipo de artículos similares los encontramos en ambos países, el círculo de opciones se estrecha aún más.

Por eso estoy más que contento del hallazgo que he hecho en mi último viaje a Lisboa. Se trata de una tienda muy coqueta, con una atención esmerada y con mucho gusto que responde al nombre de "Santos Oficios Artesanatos" y que está prácticamente enfrente de la igreja da Madalena, en el número 87 de la rua del mismo nombre. De hecho, el establecimiento ocupa los bajos de un edificio de interés patrimonial, que mandó construir el conde de Soure sobre los escombros de la iglesia de Nossa Senhora da Conceição dos Freire, devastada por el gran terremoto de 1755.

Dedicados a la investigación de la artesanía popular portuguesa, la tienda es un gran escaparate de las manufacturas en madera, cerámica, piedra, cestería o bordados del norte al sur del país. Así que, huyendo del típico azulejo (que también los hay) o del gallo de Barcelos, es un buen sitio para encontrar un regalo artesano y de calidad. Además, a nada que uno muestre interés, los propietarios de la tienda invertirán todo el tiempo necesario en explicarle el lugar de procedencia de cada pieza o los usos tradicionales necesarios para su elaboración.

En mi caso, acabo de llegar de allí con una estrella de Natal de hierro decorada a mano y con tres figuritas de presépio que le darán un toque luso a mi Belén de este año.

SOBRE SANTOS OFICIOS ARTESANATOS:

domingo, 5 de octubre de 2008

LAS RUINAS DO CARMO

Por su ubicación, quizás sea uno de los lugares más visitados de Lisboa pero, sinceramente, o uno es un experto en arqueología o no aprovechará la visita demasiado. Particularmente, me parece más interesante contemplar las impresionantes y blanquísimas ruinas del convento do Carmo desde la pasarela que une el largo de acceso al mismo y el elevador de Santa Justa. No hay que pagar y una mirada desde allí sirve para hacerse la idea del edificio asolado por el gran terremoto.

El convento de Nossa Senhora do Vencimento do Monte do Carmo fue mandado construir en 1389 por Dom Nuno Álvares Pereira y fue en su tiempo el mayor ejemplo del gótico lisboeta hasta que el terremoto de 1755 lo dejó convertido en ruinas. Siglos después se decidió reconvertirlo en un museo arqueológico y el lugar en que mejor se pueden constatar las huellas y la fuerza de aquel seísmo.

En cuanto a la colección, entre lo más vistoso destacan varias tumbas y una talla de la Virgen en jaspe de Brasil, dos momias precolombinas expuestas en una vitrina y divesos objetos en sílex.

SOBRE O MUSEO ARQUEOLÓGICO DO CARMO
  • Ubicación: Largo do Carmo 1200 -092 Lisboa
  • Teléfono: 00 351 213 460 473
  • Horario: De martes a domingo, de 10,00 a 17,00 horas. Durante el verano abre una hora más.
  • Precio de la entrada: 3 euros
  • Más información: secretaria.aap@mail.telepac.pt

domingo, 27 de abril de 2008

O TERREIRO DAS PESSOAS

Es uno de los lugares más transitados de Lisboa, también uno de los más visitados por los turistas y de los que mayor encanto aportan a la Baixa cosmopolita que mira al Tajo. Gracias a una iniciativa municipal, el Terreiro do Paço es además un lugar abierto y ciudadano cada domingo, entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde.

La plaza porticada se cierra al tráfico y la cultura, el deporte, la música, la artesanía, las nuevas tecnologías, el juego o la comida típica portuguesa toman la calle y hacen del Terreiro do Paço el Terreiro das Pessoas.

Al margen de las actividades programadas de forma especial para cada domingo, el Terreiro das Pessoas tiene de forma estable una biblioteca móvil, una exposición sobre los bosques lusos, un autobús de acceso libre a Internet, una cata de vinos portugueses e, incluso, un espacio de atención jurídica al ciudadano.

domingo, 6 de abril de 2008

VIVIR LA CALLE

Por su luz, por su gente, por su espíritu atlántico, sus aromas y sus sonidos, Lisboa es una ciudad que vive la calle. Invita al paseo, al relajo, al descubrimiento y a la curiosidad sin prisas.

A perderse sin tiempo por la Baixa y detenerse a admirar las montañas de bolachas de cualquier confitería en la Rua Augusta, comprar unas flores en una parada junto al Arco de la Victoria o probarse unos zapatos en la Rua da Prata, que ha cedido a la ropa y el calzado el protagonisto que, en tiempos, tuvieron las joyerías y las casas de empeño.

Terrazas -las más de las veces demasiado tópicas buscando al turista típico-, artistas callejeros, puestos ambulantes y gentes que van y vienen le dan un aire cosmopolita a esta parte baixa de la ciudad; heredera de la vocación comercial que le dio su ubicación junto al Tejo y el Terreiro do Paço y de la que los propios nombres de las calles son el mejor testigo: rua da Prata, do Ouro, Correeiros...

Pocos son, por cierto, los que saben que, en ésta última, se esconde uno de los mayores tesoros ocultos de la ciudad, y de complicada visita para el público en general. Se trata de algunos de los vestigios más antiguos de la Olissipo romana, e incluso anteriores, de la época fenicia. Lo curioso del asunto es que se encuentran dentro de los sotanos del banco Milenio BCP.

En el paseo por la Baixa no falta uno de los elementos emblema de la ciudad: los ascensores urbanos y, más en concreto, el Elevador de Santa Justa, de clara influencia modernista con su estilo neogótico, inspirado en la arquitectura de Eiffel. Un aire de Art Nouveau que también abunda en los escaparates y las fachadas del Animatógrafo de la Rua dos Sapateiros, la lechería A Camponesa de la misma calle, la Retrosería Bijou de la Rua da Conceição, o la Antiga Panadería Inglesa del Largo de São Julião.

SOBRE EL NÚCLEO ARQUEOLÓGICO DOS CORREEIROS
  • Lugar: Rua dos Correeiros 9 - Lisboa
  • Horario (Imprescindible reserva previa de visita): Jueves de 15,00 a 17,00 horas y sábados de 9,00 a 13,00 y de 15,00 a 17,00 horas
  • Teléfono de petición de hora: 00 351 213 211 700

domingo, 24 de febrero de 2008

EL GRAN TERREMOTO

La Lisboa baja, la que se abre al Tajo desde el Terreiro do Paço, la Baixa comercial y turística fue muy distinta a la que hoy se conoce, que es fruto de un proyecto meticuloso de renovación arquitectónica impulsado por el marqués de Pombal, tras el terremoto que destruyó Lisboa en 1755.

El gran terremoto, como así se le conoce, llegó a sentirse incluso en lugares tan remotos como la isla de Jamaica y, en sólo diez minutos, devastó la ciudad, acabando con la vida de más de cuarenta mil personas.

Las crónicas cuentan que, en torno a las nueve y media de la mañana del primero de noviembre y cuando la gran mayoría de los lisboetas se encontraba en misa cumpliendo con los preceptos del día de Todos los Santos, tres grandes temblores de tierra sacudieron la ciudad. A consecuencia de los mismos, miles de velas que iluminaban las iglesias de la ciudad cayeron sobre las balaustradas de madera y los altares de los templos, originando innumerables incendios que se propagaron por toda Lisboa. De hecho, hoy en día aún son varias las iglesias liboetas en las que los devotos depositan sus candelas sobre las balaustradas de madera que rodean algunos altares.

La gente huyó aterrorizada hacia la costa, donde fue sorprendida por un fuerte maremoto, provocado por el movimiento sísmico, que arrasó todo a su paso.

martes, 19 de febrero de 2008

A ESTAÇÃO DO ROSSIO, TRÊS ANOS DEPOIS

Lisboa la ha recuperado después de tres años de obras. La estación del Rossio volvía a abrirse al público el sábado pasado y la ciudad recuperaba así uno de los lugares más emblemáticos para lisboetas y visitantes, con sus portalones modernistas y su fachada neohistoricista.

Por motivos de seguridad, la Rede Ferroviária Nacional decidió cerrar al tráfico los túneles del Rossio, una de las mayores obras de ingeniería lusa del siglo XIX, inaugurada en 1890 y que convirtió en su momento a la Estação do Rossio en el principal centro de comunicaciones de Portugal, al permitir la conexión de los trenes nacionales con los que procedían de fuera del país.

Coincidiendo con la reapertura de la estación, puede visitarse en los próximos meses en su interior la exposición "Do Rossio a Campolide: a estação e túnel do Rossio", en la que conocer la historia del edificio y sus túneles de comunicaciones, así como los trabajos de consolidación que se han desarrollado en su interior en los últimos tres años.

jueves, 31 de enero de 2008

À NOITINHA SAÍA A DAR DUAS VOLTAS AO ROSSIO

"À noitinha saía a dar duas voltas ao Rossio. Abafava-se no ar pesado e imóvel: a todos os cantos se apregoava monotonamente "Água fresca!". Pelos bancos, debaixo das árvores, vadios remendados dormitavam; en redor da praça, sem cessar, caleches de aluguer vazias rodavam vagarosamente; as claridades dos cafés reluziam; a gente encalmada, sem destino, movia, bocejando, a sua preguiça pelos passeios das ruas".
O crime do Padre Amaro
(José Maria Eça de Queiroz)

"Por la noche salía a dar dos vueltas por el Rossio. Se ahogaba en el aire pesado e inmóvil: por todos los rincones se pregonaba monotonamente "¡Agua fresca!". Por los bancos, debajo de los árboles, mendigos remendados dormitaban; alrededor de la plaza, calesas de alquiler vacías rodaban vagarosamente sin cesar; las claridades de los cafés relucían; y gente tranquila, sin ocupación, movía su pereza bostezando por las aceras de las calles".

El crimen del Padre Amaro
(José María Eça de Queiroz)