* Vídeo de Raquel Tavares cantando "Fado lisboeta"
"O fado nasceu num dia
em que o vento mal bulia
e o céu o mar prolongava,
na amurada de um veleiro,
no peito dum marinheiro
que estando triste cantava."
(José Régio)
(descubriendo Lisboa)
* Vídeo de Raquel Tavares cantando "Fado lisboeta"
"O fado nasceu num dia
em que o vento mal bulia
e o céu o mar prolongava,
na amurada de um veleiro,
no peito dum marinheiro
que estando triste cantava."
(José Régio)
Pozos profundos que dan acceso a una laguna, rituales templarios y referencias masónicas, capillas por las que se accede a un laberinto subterráneo, mansiones donde los engaños ópticos y los pasadizos son constantes y, todo ello, en un rico entorno natural y cuidando con precisión de orfebre cada detalle de su arquitectura. Todo eso y más es, en resumen, la Quinta da Regaleira, uno de los lugares mágicos que esconde la villa de Sintra.
Hablar de Lisboa es también hablar del fado; un sonido característico que buscan tanto como sus monumentos quienes visitan la capital lusa, unas veces por un mero espíritu turista y, otras, para satisfacer su gusto por una de las músicas más sentidas que conozco.
Reis vs. Caeiro, Campos vs. Soares y Pessoa con ellos y contra todos ellos. Todos son Pessoa, pero cada uno con distinto traje. Son sus heterónimos, las distintas personalidades literarias con las que publicó su obra e, incluso, como Fernando Pessoa publicó críticas feroces contra sus propias obras, firmadas por sus alter egos.
Si el dinero es lo de menos y uno puede permitirse pagar 430 euros por pasar una noche en una de las suites de la Fortaleza do Guincho, entonces también sabrá cuáles fueron las vistas que contempló desde su habitación favorita la princesa Gracia de Mónaco, cada vez que se escapaba hasta este rincón de la costa portuguesa.
Es uno de los lugares más transitados de Lisboa, también uno de los más visitados por los turistas y de los que mayor encanto aportan a la Baixa cosmopolita que mira al Tajo. Gracias a una iniciativa municipal, el Terreiro do Paço es además un lugar abierto y ciudadano cada domingo, entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde.
Desde 1837 quizás sea el de los famosísimos pastéis de Belém uno de los secretos mejor guardados de Portugal. Una receta que, escapó del cercano Mosteiro dos Jerónimos en la convulsa época del Liberalismo y que acabó con el cierre y desamortización de buena parte de los conventos.